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Nueva York de madrugada, las calles desiertas, una chica se baja de un taxi ataviada con un elegante vestido negro azabache de Givenchy de escote recto falda tubo hasta los pies y una espalda al aire que se cierra con una pieza semicircular dejando al descubierto los omoplatos. Lleva también un elaborado moño de inspiración clásica y coronado por una tiara de diamantes, raybans, guantes, perlas y una bolsa de papel. Se para ante el escaparate de la prestigiosa joyería Tiffany´s y desayuna su café para llevar mientras sueña con el día en el que una de esas maravillosas piezas sea para ella. Claro ejemplo de inocencia y de un deseo aspiracional en la vida.

El comienzo de ‘Breakfast at Tiffany´s‘ es de sobra conocido y ha sido repetido hasta la saciedad. Hoy, entre tantos estrenos de series basadas en los 60, semanas de la moda, y glamour de usar y tirar es momento de celebrar el 50 aniversario de una pequeña historia de amor que supuso la consagración de Audrey Hepburn como icono de la elegancia.

La cinta de Blake Edwards (‘El Guateque’, ‘¿Victor o Victoria?’) es una adaptación de la novela homónima de Truman Capote y relata la historia de un joven escritor mantenido (George Peppard) que se muda a un edificio de apartamentos de Nueva York. Allí conocerá a la joven, soñadora y enigmática Holly (Audrey Hepburn), una aspirante a actriz que parece ir sin rumbo por la vida y que solo es feliz cuando va a Tiffany´s.

Capote quería a Marilyn Monroe para el papel de Holly pero el estudió se decantó por Audrey Hepburn (su elección hizo además que el primer director del proyecto renunciase al puesto). Su elección supuso tener que cambiar ciertos aspectos del personaje. Así, Holly pasó de ser una prostituta bisexual tremendamente sexual a convertirse en una sutil chica de compañía enamoradiza y soñadora en busca de su alma gemela (aunque erróneamente equipare a su gran amor con una gran billetera).

Holly Golightly es el personaje del que Audrey estaba más orgullosa. Interpretar a la arquetípica gatita sexy de Capote y superar las renuencias del escritor le supuso un gran esfuerzo que superó con su aplomo y disciplina característicos (la actriz fue bailarina durante su infancia y adolescencia y vivió bajo una educación estricta). Años después les confiaría a varios amigos que “fue lo más difícil” que había hecho.

La luz y magia de Audrey contagian todas las escenas de la película. Su elegancia y fragilidad confieren a Holly un halo de ternura y de desamparo que la convierten en un personaje adorable. Su lucha por ser feliz y llenar el vacío interno que tiene conquistan no solo a Paul (George Peppard) sino también a los espectadores.

Breakfast at tiffany´s estilo Audrey hepburn

Desde el minuto en el que Paul la conoce, con ese original antifaz azul de raso con pestañas postizas, queda enganchado a esa sonrisa y esos ojos tristes. Su cortesía, y educación, ese aire despreocupado, la majestuosidad de sus gestos, su aspecto de dama en apuros… la convierten en una mujer envidiable y al mismo tiempo digna de compasión. Igual que su gato sin nombre, Holly está sola y perdida en un mundo que no acaba de ser lo que ella soñó en un primer momento.

Paul es un escritor novel que vivía cómodamente bien en su situación de prostituto de Patricia Neal (cuyo nombre nunca se desvela) hasta que descubrió la aventura. Él es la tradición y el clasicismo, el hombre que a pesar de venderse cumple con todas las normas de la sociedad.

La suya es la historia de amor de dos seres que siempre han vivido de forma parásita, alimentándose del amor de los demás, huyendo de sí mismos y que, al encontrarse descubren que estar unido a alguien no supone la pérdida de uno mismo, al contrario. Cuando por fin conocemos a esa persona que es para nosotros nos convertimos verdaderamente en nosotros mismos.

Holly se desprende de su gato, en un intento por demostrar que ella es libre y que está sola porque debe estar sola solo para descubrir, tras la declaración de amor de Paul, que por fin tiene un hogar y que ya no ha de huir más.

Audrey Hepburn Breakfast at Tiffany´s

‘Breakfast at Tiffany´s’ se ha convertido en un icono tal que no ha mujer que aspire a la elgancia que no haya la haya visto y se haya enamorado de ella. Su exquisito vestuario y el maravilloso maquillaje de Audrey así como sus gestos, sus miradas, su inocencia pícara son seguidos por miles de mujeres.

El vestido túnica de la fiesta que organiza Holly es sencillamente divino, sugerente, delicado y con un arie de exotismo  que le sienta a la perfección a su personaje.

Cuando no está intentando cazar a algún marido rico, Holly se enfunda nos pantalones capri negros, que combina con jerseys holgados y bailarinas. Un outfit sencillo y elegante que nunca ha pasado de moda.

El paso de los años no la ha dañado y es que, aunque en más de una ocasión los diálogos son tan hipertextuales que chirrían, la sola presencia de Audrey Hepburn hace que se nos olvide lo demás.

Su influencia es tal que hasta ha inspirado la creación del personaje de Blair Waldorf de ‘Gossip Girl’. Aunque más libertina y con una maldad mayor, la reina B. es una fanática de ‘Breakfast at Tiffany´s’ y sueña con ser como ella y poseer ese encanto innato. Muchos de sus diseños beben directamente de Audrey Hepburn y su obsesión y con la película es tan grande que en el episodio 14 de la primera temporada de ‘Gossip Girl’, Blair tiene un sueño en el que revive el final de ‘Breakfast at Tiffany´s’ aunque con unos pequeños cambios.

Lo dicho, felicidades Holly, esperamos que Paul y tú disfrutarais de una buena vida de diversión, amor y glamour.

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